“Dealers, Barajen y Repartan…” Por Panchi Morresi

En Quiroga llamamos a quien reparte las cartas en la mesa “Croupier”, y si bien debe hacer un trabajo mecánico, acá siempre fueron protagonistas…

Emiliano fue uno de los primeros, sino el primero, en tomar el puesto con compromiso y entusiasmo. Tenía una forma muy particular de dar las cartas y cada flop que destapaba revelaba un significado astrológico.

Tenían que estar atentos los de Sagitario cuando ligaban el par mayor habiendo un proyecto de picas, que siempre le conectaban, tarde o temprano, los de Leo y Acuario en el river.

Sonrisa de oreja a oreja nos agarrábamos los de Escorpio con un par chico estando en primeras posiciones, ya que según la alineación de los planetas, el del botón casi siempre tendrá AQ o AK y el flop será A-A- y… una carta idéntica al par que tengamos los del signo más poderoso del zodíaco.

A los de Aries, Emiliano nunca les daba una chance y se los comían las ciegas.

El Pali fue otro que estuvo mucho tiempo, y su compromiso con el juego lo llevaba a darte las cartas que vos imaginaras.

Si te advertía entusiasmado, te miraba cómplice y alzaba las cejas como invitándote a que espíes el hermoso par de Ases que te acababa de regalar. Muchas veces se enojaba con los que no sabían interpretar un hermoso 5-6 de diamantes que desechaban cuando alguien decía “Subo”.

Su intervención era siempre positiva: si él te guiñaba un ojo, no te quedaba otra que jugarte y dejarlo todo en sus manos.

Titi está totalmente loco y arroja las cartas como un faquir apasionado lanza sus navajas al blanco. Nunca nadie se cortó una mano de milagro. No obstante, sí han desaparecido naipes que levantaron vuelo y encontraron la ventana abierta. Varios de ellos llegaron a otros pueblos. Muchos aseguran haber visto al Rey de Trébol del mazo azul que le tocaba a Tirilo en Ciega Chica, incrustado en el cartel del Bar de Rocha del vecino pueblo de Las Toscas, a cuarenta kilómetros de distancia.

Ruly tiene las manos tan inmensas que muchas veces hace dudar si es que no mezcla dos mazos a la vez, con el objeto de cruzar más juego en la mesa.

Varias veces tocó ver a tres jugadores con par de Damas enfrentando a par de Ases, y Ruly con sus casi dos metros de manos, sacó una o dos Damas más para darle una victoria inesperada y polémica a quienes iban perdiendo escandalosamente.

Como verán, en Quiroga manda el que tiene que mandar. El dealer maneja la mesa y los demás debemos acotarnos a jugar bajo sus reglas. La salvedad con otros lugares, es que las “reglas” a obedecer son implícitas y se trata más de esbozar una jugada hermosa que de cumplir eficientemente con el reglamento chato. De hecho, y como conté miles de veces, acá siguen ganando las escaleras de cuatro cartas, y los colores inventados. ¡Pero ojo! Estas cosas son necesarias para conservar la magia humana que vuelve atractivo al juego… y por qué no, a la vida también…

P.D.: Si es que alguna vez vienen a jugar Póker a Quiroga, olviden por un rato los teoremas clásicos y repasen las predicciones de Horangel para esos días.


Por: Francisco Morresi

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