¿Lotería de 1 billón? Sí. ¿Póker online? No, gracias.

Ayer se llevó a cabo en Estados Unidos el sorteo de lotería más grande de su historia: el Powerball, que llegó a un pozo de U$S 1.6 billones (U$S 983 millones de un pago neto) tras mucho tiempo sin ganadores, ha llamado la atención de propios y ajenos debido a la masividad del premio y su correspondencia con los juegos de azar.

Los jugadores norteamericanos han gastado nada menos que U$S 2.25 billones en tickets de loterías desde el último gran ganador, por lo que a aquellos en el mundo del poker les debe causar algo de ruido. ¿Cómo es que un juego de azar tenga tan laxo permiso para operar con este tipo de enormes ganancias y otro no?
Los datos son aún más tumultuosos: casi el 50% de los norteamericanos juega o ha jugado la lotería, gastando en total más de U$S 70 billones en tickets a lo largo de un año. Para ponerlo en referencia: todo Macao gana menos que la mitad de eso. Incluso apenas los casinos de EEUU arañan ese número.

El premio récord, eslabón en una larga cadena.

Y aunque en Estados Unidos cada jurisdicción tiene sus propias reglas y leyes para la lotería, empresas como Powerball y MegaMillions conforman redes en casi todos los estados para armar pozos nacionales y de enorme valor, como éste. Aunque muchas veces deben retener su presencia publicitaria y suspender dinero de inversión, los estados reciben alrededor de 15 billones por año fiscal gracias a este sustento. Y naturalmente tienen suficiente permiso y poder para girar alrededor de las legislaciones en términos de impuestos, redistribución y arreglos.

¿Cómo es que este grosero negocio puede obrar con tanta fe, categoría y apoyo estatal mientras el poker sigue recibiendo tal maltrato?

La respuesta parece ser fácil de un lado y del otro. La lotería ayuda consecuentemente a la recaudación fiscal, y para los Estados no hay heridos más que los que compran los billetes (teniendo en cuenta que lo hacen por gusto). Por el otro lado, los grandes magnates de casinos (con la figura tenebrosa de Sheldon Adelson a la carga) temen que la vuelta del poker y casinos online signifiquen una gran pérdida de jugadores de los locales en vivo, por lo que mantienen un poderoso lobby para sujetar una legislación de prohibición. La creencia de que el dinero con el poker online se escapa de los negocios del país, remueve impuestos y emigra ha causado una subrepticia codicia en el grupo pesado de Casinos, que le ha declarado la guerra al poker online y desde el antecedente del Black Friday han puesto su pie pesado en el freno a su vuelta. Nevada, Nueva Jersey y Delaware son los únicos estados que han reaccionado aún, pero tienen largas limitaciones para aplicar total libertad al juego online.

La disonancia es evidente para aquellos fuera de EEUU y muchos dentro: si la lotería puede, el poker debería también. Y mucho más, envalentonado ante los grupos económicos y de poder, para volver con los jugadores.

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