¿Nuevo modelo de embajadores de la WSOP y el poker?

No hay duda de que los últimos campeones de la WSOP han virado en personalidad estos últimos años, y mucho más considerando la última década. Cada vez más jovenes, más agresivos, a veces más descuidados en estilo y regurgitados del duro ambiente del poker online. Desde la victoria de Chris Moneymaker hace 12 años, los fanáticos del juego confluyeron desde todos rincones del mundo en creación de una nueva etapa del poker. Y repasando los últimos campeones de la WSOP nos surge una pregunta ¿acaso está perdiendo representación este deporte?

Los ganadores recientes no parecen impactar tan positivamente como embajadores en el público y espectadores: tanto Martin Jacobson (ganador en el 2014) como Ryan Riess (2013) y Pius Heinz (2011) son ejemplos claros de jugadores que no se han interesado por su personaje fuera de la mesa. Campeones correctos, de buen juego, simpáticos y educados, pero sin la chispa sobresaliente que define a una figura por sobre un deportista. Sin ese fulgor que hace rotar cabezas y hace que el público cualquiera se pregunte: “¿Quién es este muchacho?
Jacobson incluso tuvo una entrevista para hablar de su triunfo en la CNBC el año pasado, que fue recortada por varios minutos debido a la falta de interés de una audiencia general.

Campeones sin mucho filo fuera de la mesa.


El ejemplo de Chris Moneymaker no es menor: captó una enorme porción de posibles jugadores simplemente siendo quién es, representando a los amateurs en un campo donde parecían no tener mucho espacio. El poker ahora ha avanzado, y se necesitan embajadores dinámicos, adeptos a discutir el juego públicamente, defender posturas y promoverlo con fuego. Ganar un gran torneo sería tan solo el inicio. Uno que sea la razón por la que revisamos las noticias de cada torneo; que dé que pensar con declaraciones, que traiga el concepto de hinchas y aficionados al juego. 

Un nombre para la historia.

Los mejores embajadores hoy por hoy son de la vieja guardia: tanto Daniel Negreanu con su vocal simpatía, Phil Hellmuth con su inherente amor por la controversia, Phil Ivey por su estatura y respeto, Antonio Esfandiari con su energía casi mística son los ejemplos más claros de jugadores que trascienden el paño. Algunos más jovenes como Daniel Colman, Max Steinberg y Ole Schemion han distinguido una personalidad sea controversial, vibrante o llamativa más allá de la mesa. O tal vez el siempre llamativo Dan Bilzerian, que se convierte en mito y promueve el juego del poker con su lujo, séquito y total falta de precaución en los medios. Es por la misma razón que se le reclama a Messi lo que tuvo Maradona. O porque movió más interés Martín Palermo que muchos otros jugadores de su posición, incluso mejores y más talentosos.

Dan Bilzerian, un embajador poco convencional del poker.

Joe McKeehen es el paroxismo de este ejemplo: un ganador de la WSOP que sin dudas lo tuvo merecido, pero espantó espectadores, fue el eje de una transmisión que adormeció y casi ni celebró su triunfo en el momento. Sus entrevistas fueron tibias, sin sangre (como lo fue la Mesa Final) y no parecieron ofrecer un embajador que despierte de nuevo al deporte. Porque cuando uno se convierte en el mejor del mundo (por lo menos con título), a veces hacer bien su trabajo no parece suficiente. Al haber ganado tamaño torneo, se convierte en la nueva figura representativa de un juego que busca a su nueva estrella. Pero por ahora no la encuentra.

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