Póker Para Todos – De 0 a 100 en 7 días

El sueño y sus primeros pasos

El lunes 1° de octubre soñaba con ganar el torneo denominado “Dioses del Olimpo” que organizaba el Casino de Melincué para su 5to aniversario 2012 … Y aunque el mismo comenzaba el viernes de esa semana, todavía estaba muy lejos para mí.

La distancia no era un problema, a pesar de los doscientos cuarenta largos kilómetros de rutas destrozadas que separan al lugar en donde vivo, con el pueblo que nombra Divididos en la canción Agua en Buenos Aires, de su disco Vivo Acá.

El gran dilema era cómo llegar a pagar la entrada. Mi caja estaba tan vacía como mi ánimo.

El dinero que necesitaba era accesible (1500$AR), y en el fondo sabía que si le presentaba la situación  a muchos de los amigos del póker, el que pudiese, me ayudaría. Pero esa nunca fue ni será una primera opción para mí.

Ese mismo lunes comenzaba la primera de las dos chances que tenía para jugar el Torneo Aniversario
… Pero “El póker de los lunes” se suspendía en Quiroga, y eso limitaba las posibilidades de llegar al objetivo.  Rápidamente nos organizamos para ir a 9 de Julio, donde los amigos de esa ciudad, a 120kms de  Quiroga, organizan un lindo torneo cada comienzo de semana. Yo seguía sin dinero, pero no tuve ni tiempo de pedirlo ya que mi amigo Silvio me llevó casi de “prepo”.

Llegamos un poco tarde. Y con un campo de cuarenta jugadores llegué a ubicarme 5to con un premio de 500$AR, y el sabor amargo de perder un flip con A-K vs. 9-9 cuando en el flop asomaron dos K, pero con un 9, y sin sorpresas las demás calles.

Ahora quedaba el torneo rankeado del Jueves en Quiroga, que me venía siendo esquivo, aunque en la fecha anterior había llegado 2do.

Con un Buy- in de 250$AR y un field de 37 jugadores, los premios se presentaban tentadores para mi propósito: 3300$AR para el 1ero; 1700$AR el 2do; y 1000$AR es lo que embolsaría el 3ero. Existían otros dos lugares premiados, pero no se ajustaban a la necesidad de la causa.

Lo jugué muy concentrado y siguiendo la línea del lunes, que fue la misma que ideé como estrategia para encarar, si llegaba, al torneo en Melincué.

Me fue muy bien y terminé ganándolo. El 1er puesto me afianzó dejándome 4to en la lucha por llegar a la mesa final del ranking, en noviembre. No obstante, el dinero lo habíamos repartido cuando quedamos 3, ya que estábamos muy parejos en fichas y esos 2000$AR venían justo para, ahora sí, ir en busca de la gloria al “Dioses del Olimpo” (Hubiera chopeado de todos modos, ya que tuve la suerte de definir el torneo con mi amigo Manuel, el otro protagonista de esta historia).

Todo estaba saliendo a la perfección, aunque seguían apareciendo escollos por sortear en el camino.

Ahora la preocupación era ¡En qué ir!… Casi siempre sobran lugares, pero esta vez eran pocos los que pensaban jugar el torneo. Y fue ahí que Manuel decidió ponerse el traje de superhéroe y me convenció de ir en el auto de su madre, que no estaría durante ese fin de semana.

Manuel es mi amigo desde los 3 años y lee a la perfección todos mis movimientos, caprichos y corazonadas. Y otra vez me creyó.

“Salimos mañana después de almorzar” me dijo ese jueves cuando terminamos de jugar el heads up.

EL VIAJE: En busca de la hazaña

La hora llegó y Manuel pasó con todo listo para salir. A los pocos kilómetros llamamos al casino para asegurarnos de tener cupo ese mismo día; y como ya sospechábamos, nos dijeron que sólo quedaban cuatro plazas disponibles, pero que se completarían antes de que nosotros llegásemos. Ahí nos miramos y, sin hablar, coincidimos en seguir camino de todos modos.

También nos informaron que no tenían lugar para hospedarnos en el hotel del casino, ni en ningún hotel del pueblo, ni de la zona. Nosotros no contábamos con el dinero para costearnos dos noches de hotel muy lejos de allí, y la gran ventaja del casino Melincué es que ofrecen alojamiento gratis para los jugadores.

De última dormiríamos en el auto, eso no era un problema definitorio. Pero agudizamos el sentido común y entendiendo que el Día 1A (el viernes) iba a cobijar a menos del 30% del total de los participantes, alguna habitación iba a estar deshabitada esa noche.

Pocos kilómetros antes de llegar, la lluvia que venía sobre las nubes que soplaba el viento del este, se bajó  a conocer la zona y nos acompañó ese último trecho y lo que restaba del día también. Fue un diluvio incesante y un viento feroz que tardaría en irse.

Entramos al casino mojados como perros, y la respuesta de la chica de la caja fue tajante tanto o más de como esperábamos nosotros: “No hay más cupo para el Día 1A”.

Sin desesperarnos nos dirigimos hacia donde estaba el encargado de la organización para ver si nos podía conseguir al menos una habitación por esa noche, y su contestación siguió  la métrica de la cajera: “No hay habitaciones disponibles desde hace más de dos semanas, muchachos”. Entonces sacamos de la manga la lúcida teoría de que no todos los participantes se alojarían el mismo viernes, y el gerente se mantuvo firme: “No puedo hacer nada” dijo, y con Manuel nos miramos desolados.

Por supuesto no nos quedamos con esa negativa y decidimos investigar por nuestros propios medios la capacidad hotelera de la zona para esa noche. Y tanto trabajo dio sus frutos… conseguimos una pieza en el hospedaje más cercano al casino.

Cuando regresamos con la noticia, el organizador con una sonrisa socarrona nos firmó el voucher como premio a la perseverancia.

Ya con lugar asegurado para dormir, sólo estuvimos en el casino lo que tardamos en comprar la entrada para el Día 1B del torneo.

DIA 1B: A jugar

Ya en la mañana del sábado nos despertamos muy concentrados en lo que refería al torneo. Seguíamos con la situación incierta del lugar para descansar, pero podía pasar cualquier cosa. El “Dioses del Olimpo” comenzaba 15:30hs y no valía la pena gastar energías en cuestiones de logística, existiendo la  chance de que ambos pudiéramos quedar afuera tempranamente y regresar, mansos y tranquilos, al siempre querido Quiroga natal.

El torneo comenzó bastante puntual y el primer obstáculo a burlar eran los cuatro niveles de 30 minutos donde se podían realizar recompras ilimitadas por 100$AR (5000 puntos, y doble de 10K por 200$AR), y un add on (religioso) al finalizar los mismos, de 200$AR.

Esa etapa estuvo muy bien controlada y sólo tuve que realizar una recompra (doble) cuando mi A-K suited no logró quebrar los enormes A-A del oponente. Luego agaché la cabeza y seguí jugando con firmeza esperando el add-on y el juego verdadero. Pero dos manos antes del cierre me llegó con cinco limpers, mi ciega grande de 400 puntos, y con 5-3 off suited, conecté gratis al flop pares dobles que esquivaron los proyectos a color y escalera a dos puntas que habían comprado dos jugadores cuando fui all-in con aproximadamente 7 mil puntos. Ahora estaba con 25K y a segundos de sumar las 12K del add-on.

Las recompras finalizaron y rápidamente empecé a tener acción. Dominé la mesa a fuerza de recibir buenas cartas al principio y con el valor de las fichas luego.

Al terminar el 6to nivel en ciegas 300-600, contaba con 70K cuando el promedio estaba en 35K. Los jugadores se iban eliminando uno tras otro, arrastrados, creo, por la naturaleza de la estructura que si bien permitía desarrollar una estrategia sana en esas instancias, muchos de los muchachos no habían podido cambiar el chip de los primeros niveles de recompra.

Después del break de cena, yo seguía con un stack importante. Pero faltando minutos para empezar el último nivel del día jugué bastante mal una parada, donde en un flop Ad Jc 6d empecé a pagarle desde el botón, a alguien que había sólo pagado la ciega desde utg y a quien yo había puesto en un A-X suited, o A-T si era tan malo como parecía, pero que no dudaría en tirar cuando en el turn le hiciera una resubida, siempre y cuando no cayera otro diamante que buscaba un tercer jugador muy aguerrido, que estaba también involucrado. Un 3 de corazón apareció y le daba sentido a mi mano (Q-8 corazones). El raiser inicial continuó con una apuesta de medio pozo, que enseguida abandonó el proyectista original. Yo pensé unos segundos, y sólo pagué traicionado por la esperanza de ver un corazón más, que el contrincante jamás vería y así lograr sacarle más jugo a la mano todavía. Pero el plan “B” de esa decisión sería foldear ante una apuesta seria del villano en el river, en caso de no conectar.

En la 5ta calle apareció un descolorido 7 negro, y el villano tiró su tercer barril maquillado de “valor”, pero yo seguía sintiendo debilidad. Entonces opté por cuadruplicar su apuesta, poniendo en riesgo la mitad de mi stack en caso de perder la parada. Si bien la jugada fue mala desde el principio, por no haber intentado antes la movida (desde el flop en realidad) para tener más margen de lectura, y considerando que a esta altura el villano sólo iba a foldear un farol, el muchacho llevaba en la mano A-7, por lo que no tuvo casi qué pensar para pagarme, y dejarme muy herido con sus dobles al river (con papas).

Después de esa mano comencé a jugar más suelto que nunca. Con mis pocas fichas (35K aprox. Con promedio en 50K y ciegas 1k-2k) presionaba cada vez que limpeaban dos o tres jugadores en primeras posiciones pusheando todo, y así pude acercarme de nuevo al promedio. Peeerooo…. diez minutos antes del reagrupe con los sobrevivientes del Día 1A, me vienen K-K (negros) en la ciega grande y una subida desde posición media de 2.5 a la que sólo completé. En ese momento tuve una estrategia ambigua pero estándar: Con cualquier flop que no tenga A me pelaría, y si sale A me voy. Acto seguido, el flop: 3c3t5t. Doy el “va”, y el villano hace lo mismo. En el turn (maldito turn) el As de trébol hace su aparición triunfal, pero dándome salidas al river con el color. Vuelvo a pasar y esta vez el villano apuesta algo más de medio pozo. De pagar quedaría con menos de diez ciegas para encarar el Día 2. De ir all-in era probable que quedara afuera. Por lo que foldear era correcto pero seguiría estando corto y con lo ya invertido, más las salidas que me daba el river, hice lo que debía hacer. Pagué. Por supuesto cayó un ladrillo en la 5ta, y al pasar, el villano me puso all-in.

Sin pensar di vuelta mis reyes, y él tampoco dudó en mostrarme un K rojo y una J negra para aire total. “Buena mano” le dije y me levanté a tomar un café (de 9 litros).

DIA 2: El Reagrupe

Pasada la medianoche del sábado, los sobrevivientes del Día 1A se acoplaban a las mesas con quienes habíamos batallado desde las tres y media de la tarde. Sus caras frescas de haber descansado exactamente el doble, provocaban una envidia comparable a la que debe sentir cualquier señora entrada en años, al contemplar las figuras envueltas en calzas coloridas de las exuberantes promotoras del evento.

– ¿Cuál es la estrategia ahora?, bromeaba Manuel, sabiendo de las pocas ciegas que me quedaban.

“Volver a llenarme de fichas”. Le contesté.

Y realmente, cuando abrí la bolsa sellada con esas escasas 26K, lejos de sentirme preocupado, pensé en lo lindo que sería llenarla al finalizar la jornada.

Se sortearon los lugares, y con algo de gracia, comentamos en la mesa, que la nuestra parecía arreglada: 9 Shorts y el Mega líder en fichas con más de 350K.

Primera mano: Me toca el botón y nadie completa la ciega ni se juega. Me llega limpia. Miro mis cartas y se veían demasiado blancas, pálidas: 6-4 off. La ciega grande encima estaba custodiada por el que más fichas tenía de los 120 jugadores restantes. Decidí tirarlas y dejar que ciega chica hiciera el movimiento si lo deseaba. Pero éste también abandonó y el “Señor de las fichas” mostró 8-6 de trébol anunciando que NO hubiese pagado ningún “Jugado”.

Realmente ya no importaban las cartas que tocaran. Había que arriesgar cuando la situación fuera propicia.

La mano siguiente lo fue. Otra vez me llegó  sin acción y esta vez arriesgaría con cualquier combinación de cartas porque el jugador a mi izquierda iba a foldear las mayorías de las manos dejándome “servido” al chip líder que llevaba inversión en las ciegas. A la vez yo contaba con la información precisa de que éste, no pagaría con “cualquier cosa”; Y por último, Ciega Grande tenía fold, porque contaba con casi 50K, y pagar ese pozo lo llevaría a perder el margen cierto de especulación que le brindaba su mediano stack.

10 de corazón- 5 de diamantes (No importaban). “All-in”.

El jugador ubicado en el botón tiró  su mano, y Ciega Chica también. El trabajo estaba hecho. ¿De dónde iba a sacar cartas Ciega Grande para pagarme? Imposible.

“Pago” Dijo… y a mí se me cayó el piso.

Todo el sueño y el sacrificio por lograrlo quedaría allí, en el inocuo puesto 100 de un torneo cualquiera.

Para peor, el hombre me sorprende con un heroico par de 5.

Me impactó el pago y ver dos cincos con los que yo contaba a mi favor. Pero en el fondo seguía la energía positiva en mi mente.

De todos modos, cuando en el flop no apareció el 10 ni otro proyecto concreto, me paré de la silla. En el turn tampoco vino el 10 y tomé la campera del respaldo. Y mientras buscaba a Manuel con la mirada para pedirle que me perdonara por arruinar lo que ya era un sueño compartido, algo que habíamos planeado con mucha pasión y energía, en eso… El river canta: ¡Diez!… y sólo tuve que pedirle unas disculpas de cortesía al señor del par de 5 y empezar a acomodar las torrecitas nuevas.

Otra muy importante y difícil fue cuando ya en ciegas 2K-4K, estaba en Ciega Chica con par de 2 y desde posición temprana un jugador se juega por 10K. Nadie le paga y yo de hacerlo tenía que poner mis 50K para tratar de quitar del medio a Ciega Grande, que ya no era el jugador que estaba corto a mi izquierda, ese se había ido, se trataba nada menos que del chip líder quien debía decidir si arriesgaba menos del 20% de sus fichas para sacar a dos jugadores.

Decidido, puse mi caja en juego. Y el villano rápidamente pagó relamiéndose con un enorme A-K. El otro jugador acusó K-8. No dejaba de ser una moneda al aire. En el flop apareció temprano un 8 que le daba favoritismo al señor que jugaba por la mitad del pozo, pero detrás del número favorito de Riverito, apareció un 2 para darme SET y 130 mil fichas, que me permitían bastantes movimientos en un promedio de 80K.

Para resumir esta definitoria instancia, terminé  llenando la bolsita con 533 mil fichas, siendo el nuevo líder en fichas de todo el torneo, y sólo quedábamos 34 jugadores disputándonos los premios que se darían a partir del puesto 24, pero todos soñando con el Ford Focus y el trofeo más grande.

A DORMIR AL TELO

Se habían hecho las seis de la mañana y ahora sí era urgente el tema de la habitación. Estaba muy cerca de lograr el objetivo, pero para eso era fundamental descansar lo máximo posible. En el casino nadie había desocupado ninguna pieza.

Salimos del recinto porque ya cerraba, y afuera llovía a cantaros. Dormir en el auto parecía que era la condena menos mala. Pero había una posibilidad mejor: Ir al Motel que está a cuatro kilómetros.

Un colchón para descansar  era primordial a esa altura.

Llegamos al lugar, y mientras hablábamos por el teléfono de la entrada con el conserje, contábamos el dinero que teníamos entre los dos. Juntamos casi 300$AR, exactamente lo que nos pedía el tipo. Pero terminamos sacándolo por 240$AR. Dejando 60$ para “almorzar”  un paquete de galletitas con el mate.

La habitación estaba amoblada con una cama de dos generosas plazas que debíamos compartir, y en el techo nos enfocaba un incómodo espejo que no podíamos dejar de ver.

Antes de intentar dormirme encendí el televisor para despejar un rato la mente, y desde la pantalla mostraban muy de cerca cómo se fabricaban los bebés. La Mamá era muy atractiva, y el Papá muy grandote. Pero rápidamente cambié a un canal de deportes, que ofrece un material más liviano para lograr despejarse durmiendo con un amigo al lado.

DOMINGO: Día “D”

Por el mediodía tuvimos que desalojar la habitación, y entonces nos fuimos directo al lobby del hotel del casino, donde sacamos el termo, el mate y las galletitas y desayunamos-almorzamos ante la atenta mirada de los conserjes y huéspedes, que contemplaban respetuosos nuestro picnic.

Estuvimos casi dos horas hasta que un miembro de la organización nos consiguió, por fin, un cuarto permanente, pero en un hospedaje en el centro del pueblo, bastante alejado.

Sin perder más tiempo, nos dirigimos hacia el lugar para intentar dormir una siesta o descansar lo máximo posible.

Por supuesto no pude pegar un ojo, y pocas veces mi cabeza había funcionado a semejante ritmo. Eran pasadas las 15:00hs, y a las 17:30 se reanudaba el torneo.

No podía dejar de idear situaciones, proyectar imágenes de escenas futuras, intentaba pensar sobre todos los tipos de jugadas que podrían darse en cada una de las situaciones… Me estaba volviendo loco, pero de cordura.

La hora llegó y ducha mediante (por separados), volvimos al casino a terminar lo empezado.

Restaba que se fueran ocho participantes y ya embolsaría como mínimo dos mil pesos. No era lo que fui a buscar, pero la realidad indicaba que no teníamos la nafta suficiente para regresar, ni dinero para cargarle.

Por suerte explotamos rápido y bien la burbuja, y habiendo sacado a tres contrincantes mi pila de fichas se mantenía siempre al tope del ranking.

Cuando quedábamos veinte me ocurrió algo extraño que me hizo dudar sobre mi suerte en el torneo. Ligué cuatro pares de 10 seguidos: mano tras mano, y de los cuales perdí tres en fila (los primeros: Vs. 55; Vs. A8 y Vs44), y con el cuarto fui jugado y nadie pagó.

Luego de unas manos, cuando quedábamos sólo 15 me llega al botón con dos jugados (el primero con pocas fichas, y el segundo apenas por debajo de mi stack), miro mis cartas y en ellas se repetía la linda figura de la “Q” de “Quiroga”. Le pregunté al señor jugado si era posible que él llevara A-K, y me dijo que sí. Y pagué. J-10 para el short y efectivamente A-K bajó el restante. El board no trajo sorpresa alguna,  y embolsé un mega pozo que me depositó automáticamente en la ansiada mesa final.

MESA FINAL: Objetivo a la vista

Ahora sí estaba tan cerca que podía ver con claridad todo aquello que había soñado desde el lunes.

Fue muy emocionante entrar a ese lugar donde años antes había visto ingresar al enorme Pío Tinetti, nuestro maestro, jubilado de la existencia, pero más vital que ninguno irradiando su energía desde el más allá.

Tenía que vengar la suerte de Pío, que había quedado dos veces en el 6to lugar del Santa Fe póker tour, que por esos años era uno de los torneos  más deseados y respetados del circuito.

También me ponía la piel de gallina y me hacía caer alguna lágrima, los mensajes de aliento de toda la comunidad Quiroguense, que me enviaba sus fuerzas a mi teléfono, el de Manuel, y volvieron locos a la gente de Sudamerican Póker que transmitía el evento, según me contaban los muchachos.

Me acompañaban buenos jugadores en la mesa. Pero eso, sin dudas, ni delirios de grandeza, me podía favorecer a la hora de interpretar una jugada (a favor o en contra).

Lisandro Gallo, Jorge Yranek, Julio Canevarolo, Fernando Grasso, Roberto Cáceres y Fernando Iribarren eran los conocidos. Arturo Ozafrán y Eduardo Pelatti, eran los dos restantes, y que ya conocía personalmente por haber jugado bastante con ellos.

Al principio no me venían cartas, pero había acción seguida en la mesa, y cada una de las tres veces que tuve el botón, las manos me llegaron limpias y pude robar siempre. En la próxima ronda se fueron cuatro jugadores en forma consecutiva y  quedábamos cinco ahora, asegurándonos un premio de 11.600$AR, pero ese era un detalle menor.

Con Ciega Grande (50K-100K ante 10K) y A-J recibo el jugado de Yranek desde Ciega Chica, quien me cubría por muy poco. Logré aguantar contra su K-10, dejándolo con menos de una ciega de stack, que perdió en la siguiente mano cediendo la meta a sólo cuatro participantes.

Estaba 2do en fichas, sólo Lisandro Gallo (a mi izquierda) me doblaba con un holgado stack de 4 millones. Los otros dos jugadores contaban con 1 millón cada uno.

Fue entonces cuando se da una jugada bisagra, no por el desenlace de la misma, sino porque me hace tomar una decisión clave a futuro.

Resulta que Lisandro Gallo estaba muy activo, y desde Cut- off, abre a tres ciegas y Canevarolo anuncia su all-in, desde CC. Yo estaba otra vez en Ciega Grande, pero mis cartas no decían nada.

Le vuelve la jugada a Gallo que piensa varios minutos hasta que descarta su mano, y Canevarolo muestra el Bluff.

La cara de Lisandro era un Tell viviente, su enojo por foldear A-3 lo había traumado un poco.

Mano siguiente estoy en CC y mano a mano con Gallo en CG, veo K-7 de diamantes y subo la apuesta obligada de 150K hasta 350, y el hombre tras meditar dice “All-in”. De todas las cosas que se me pasaron por la cabeza en ese instante, la que más se repetía era “Voy a pagar”. De todos modos me tomé varios minutos y contemplé casi todas las cosas del contexto.

Alguna fuerza extraña me hacía ver las falsas figuras de un 5 acompañado por un 3 en sus dos naipes. Otro Duendecito me hablaba de esperar un poco, y me alentaba con que iba a haber mejores oportunidades. La pantalla indicaba que lo peor que podía pasarme era cosechar 16.700$AR y un meritorio 4to puesto. Pero de ganar el pozo me daría El 1er lugar; el 1er Premio; y la concreción de un sueño trabajado al máximo.

“Bueno… Pago” dije y Gallo bajó apurado un enorme A-J. “Mal presentimiento Panchi” me reproché vagamente, sin dejar de entender lo lejos que había llegado ya.

El dealer se predispone a tirar el flop que rezó: 4d Kc 4p…

¡Eso sí que era suerte!

El turn: otro 4c.

Y el river trajo una decorativa “J”.

Ahora tenía el 50% de las fichas que 234 jugadores habían manipulado durante tres días de competencia.

Manos más tarde, Arturo Ozafrán eliminó a Gallo (ya corto) en guerras de ciegas con Q-9 vs. A-K del golpeado buen jugador, que saludó caballerosamente cuando el 9 le daba la victoria a Arturo.

Subí mi stack 1.5 millones robando las ciegas de los dos jugadores que quedaban, hasta que Julio Canevarolo se juega por 1.5 millón desde CC y yo pago en CG con A3 off, muy por arriba del 4-2 de mi rival. Nada para ninguno de los dos, y la carta alta me da la victoria y el Heads Up tan ansiado.

Otra vez la música, las fotos, las promotoras…

Una vez vueltos al juego, sabía que no se me podía escapar. 7 millones de fichas contra sólo 1 millón de Arturo.

En el transcurso de las manos, me quedé con dos ciegas de 200K, y en la tercera mano, fui jugado con Qd 4c, desde el botón a lo que mi oponente aceptó con 5-6 de tréboles.

El board arrojó: 2d 10d Jt- 8d  y… ¡5d!… Para darme color a la Q y una felicidad inmensa que todavía atesoro.

CONCLUSIÓN:

Yo entiendo que hay cosas mucho más trascendentales en la vida que ganar un torneo de Póker. Estoy seguro de eso. Pero mientras tanto, y hasta que ocurran, déjenme disfrutar junto a los que acompañaron, hicieron posible,  y vivieron a la par, esta pequeña travesura que empezó la madrugada del lunes 1° de octubre tras un leve insomnio y estando en 0 (cero). Y culminó en las primeras horas del lunes 8, con un título, y una caja que llega a 100 en sólo 7 días.



Por: Francisco Morresi

Comments Closed